Cortesía
La cortesía no es machismo

No seré yo el que ponga siquiera mínimamente en cuestión la todavía más que necesaria existencia del feminismo (de algunos feminismos). Como no se me ocurriría cuestionar la importancia, hoy más que nunca, de la lucha de clases, el anticapitalismo, y tantas otras reivindicaciones en favor de la justicia, ya estén motivadas por la discriminación por cuestiones de origen, color, credo, ideología o imagen, como por cualquier otra razón. Sería absurdo negar que aún queda mucho por hacer solo para poder empezar a pelear de verdad algún día por la plena igualdad de derechos y oportunidades. Y por la libertad bien entendida (que no es la de los neocons y neoliberales). Pero no, no todo es defendible, y desde luego la cortesía no es machismo, ni es injusta. Lo digo y al mismo tiempo estoy seguro de que si otro hubiera soltado semejante obviedad hace diez o quince años, yo mismo hubiera apreciado que, para decir perogrulladas, siempre es mejor no decir nada. Pero hoy, viendo el panorama, pienso que casi hay que ser muy audaz para sostener que semejante ‘disparate’ es defendible.

Habrá quien no entienda a qué viene esto; que no sepa de qué estoy hablando. Y por aclararlo: viene a cuento del rifirrafe entre una columnista que dice hablar de feminismo en un digital presuntamente progresista y un real-académico que dice ser librepensador. Muy populares ella y él.

El caso es que la columnista y el real-académico, según comentan o novelan ambos –aunque cada cual por su cuenta–, coincidieron en el umbral de una librería y él le cedió el paso a ella. A lo que ella le espetó: «Eso es machista».

Vamos a seguir fabulando y supongamos que, como parece razonable en una columnista o en cualquier lector habitual, ella sí lo reconoció a él, y que él, ya que ella es muy celosa de su imagen y además escribe bajo seudónimo, difícilmente pudiera conocerla. Siendo así, también es posible que, al saber de sus andanzas, existiera una animadversión previa por parte de ella hacia él. Y que lo primero que se le ocurrió es soltarle esa majadería.

Nada que objetar. Sería una reacción muy humana.

Pero si ya en frío, dedicas tu tiempo a reflexionar sobre el suceso por escrito, y sigues manteniendo esa misma postura, o tienes un grave problema o te has puesto el mundo por montera. Y a vivir que son dos días.

Para el caso tanto me da una cosa como la otra, aunque la segunda me resulte especialmente repugnante. Ceder el paso no es machista, lo diga esta columnista o lo diga Clara Campoamor. Llevo haciéndolo toda mi vida, como por otra parte también sostiene ese real-académico –con el que quizá sea lo único que tengo en común–. Y como igualmente él expresa, tampoco hago distinciones a la hora de cederlo. Poco me importa el supuesto género o que sean personas mayores, menores o mediopensionistas. Y si alguien se adelanta a hacerlo le doy las gracias. No hay más.

Pero esto casi sería lo de menos, aunque es un buen síntoma de lo que está ocurriendo. Porque con la recuperación de esa nefasta moda clásica de etiquetar, clasificar y dividir –para paradójicamente acabar generalizando–, ya no sabe uno ni lo que es, porque esencialmente ya no somos personas. Ahora solo somos hombres o mujeres, de este u otro partido, de esta u otra ideología, carácter, religión, tendencia, profesión, estatus… Y siento no ser tan moderno, pero yo soy Paco, hijo de Francisco y Teresa, y no admito que me pongan más etiquetas o me metan en grupo alguno sin haber dado mi consentimiento. Máxime, porque como diría el ‘otro’ Marx, nunca pertenecería a un club en el que me aceptaran. Mucho menos si sé que va por delante que el hecho de tener ‘atributos’ masculinos me convierte en machista. Aunque con condescendencia, desde las nuevas logias de la gran verdad, si lo niego, me sugieran que puedo no saber que lo soy, porque pertenezco a otra subcategoría (aliado rojo, mansplainer, cookie feminista, pasivo-agresivo, etc). Cosas de la generación Pokémon.

Y no, yo no quiero que me metan en sus mundos de disputas y dicotomías al uso, porque empiezo a estar hasta las narices de tanta tontería infantil y alienante. En este mundo hay de todo como en botica: gente despreciable y gente adorable. Pero gilipollas, obtuso, prepotente, manipulador o paranoico se puede ser con vagina, con pene o sin nada. Si tengo pene no tengo por qué ser machista, ni tengo por qué no sentir empatía o entender a mis semejantes si su condición biológica es diferente a la mía, ni tengo por qué aceptar las suposiciones convertidas en Tablas de la Ley. Porque eso es en lo que se está convirtiendo cierto discurso que solo destila odio y provoca división: en religión. Llegando al punto de que hasta en la derecha más recalcitrante empiezan a aprovechar y hacer suyas estas posiciones (porque los fanatismos, la exclusión, la clasificación y la intransigencia siempre se les ha adaptado muy bien).

Lo que sí parece seguro es que en la justa defensa de la igualdad a alguien se le están yendo los conceptos y las posiciones de las manos, de la cabeza o del bolsillo. Y lo que podía resultar útil: la denuncia de las evidencias machistas en un sistema patriarcal (aunque mucho más clasista que patriarcal), se está convirtiendo, por su radicalización inconsecuente, en una herramienta perfecta para el neofascismo sociológico.

Así, no podemos extrañarnos de que cierta izquierda –ya confundida del todo– defienda la prohibición del ‘burkini’, o de que una portavoz del PP sostenga que entonar una jota “machista” inhabilita a Pablo Echenique para ostentar cualquier cargo, o encontrarnos con titulares como estos:

– El PP acusa a la oposición de “machismo” por pedir la comparecencia de Wert

– Santamaría acusa a Iglesias de usar un lenguaje “sexista y machista”

– El PP acusa a Grezzi (Compromís) de incitar a la violencia machista

– El PP acusa a Fiscal de hacer unas declaraciones “machistas” contra Loles López y pide que rectifique “inmediatamente”.

Y es que la irresponsabilidad y la falta de criterio propio se acaban pagando. Con lo fácil que sería preguntarse, cuando no resulte previsible el compromiso, quién te anima a insistir en cierto discurso, y quién te pone realmente el altavoz y por qué. Y aún así el sistema siempre va dos pasos por delante. Pero no esperemos por ello que algunas/os caigan en esa cuenta y empiecen a ceder el paso. Porque la cortesía está obsoleta, como la sensatez.

Por cierto… yo seguiré haciéndolo. Seguiré cediendo el paso, aun a riesgo de que alguien con pocas luces me llame machista.

Read More
Last Job
El último trabajo en la tierra

Cuando en el ámbito académico o profesional se aborda esta problemática nunca se hace desde una perspectiva de posibilidad porque esa cuestión ya se resolvió hace un par de siglos. Y desde entonces ya no se ha vuelto a tratar de un ‘si’, sino de un ‘cuándo’. En cualquier caso lo que sí ha fallado hasta ahora han sido las previsiones, porque el sistema ha sabido crear nuevos sectores en los que acoger a una buena parte de la masa laboral desplazada por la tecnificación y la automatización.

Read More
Lo que (nos) cuesta de verdad la energía nuclear

No es ningún secreto que la industria energética tiende a ocultar los efectos negativos de su negocio. Es una postura lógica: nadie tira piedras sobre su propio tejado y, por supuesto, los grandes productores de energía no van a perjudicar voluntariamente los intereses de su sector publicitando la parte fea del asunto. Así, mientras puedan, negarán en la medida de sus capacidades cualquier evidencia contraria, incluso de hechos demostrados como el calentamiento de la atmósfera de la Tierra debido a la emisión de gases de efecto invernadero (debido en parte a su negocio, aunque también a otras causas).

Read More
Internet. Fue bonito mientras duró

Puede que suene catastrofista, pero se queda corto. Lo que se prometía como la democratización de la comunicación y la información está tocando a su fin. Todo es susceptible de ser cooptado y oligopolizado, y la ya precaria pluralidad de la Red no iba a ser menos.

Algunos pronto volveremos a los guetos de los que salimos, y nos rodearemos de nuevo de nuestra microfauna hiperpolitizada y sobreinformada, esa que, por ver el vaso medio lleno, ya no es tan pequeña gracias sin duda a este breve periodo de semi-igualdad comunicativa. Y no es una premonición, de no mediar lo que casi podría considerarse un milagro, se trata de una realidad inexorable.

Read More
Un hombre en fuga

Camilo Alzate | Literariedad.co | 14/02/2016

“había que descontársela al ciclismo, porque el ciclismo necesitaba a Pantani, y no al revés” Manuela Ronchi, Un hombre en fuga.

Quiero creer que alguien definió al ciclismo como la epopeya contemporánea. Los corredores sufriendo sobre la bicicleta personifican aquel heroísmo supremo en un siglo cuya seña más bien es el desmoronamiento y la impugnación de toda figura heroica. En una época sin mitos, la radio, las gacetas deportivas y el voz a voz engrandecían las hazañas de Federico Martín Bahamontes y Ocaña, de Coppi y Bartali, de Anquetil, Gaul y Kobletz, de Ramón Hoyos, Cochise y Lucho Herrera.

Read More